
Lo decidió el mismo día que desempolvó su micromini roja y fastidiada se puso las botas largas (qué mierda importaba que sea verano, que no combine con su remera y ligas negras): iba a ser una mala escritora.No.Mejor: iba a poner todo su empeño en escribir sólo cagadas dignas de nombrarse en una antología de cagadas.
Se había hartado de sus compañeros de carrera, con sus miradas intelectualoides, de su madre que esperaba lo mejor de sus letras, de su hermana y esa enferma competencia, de ella misma y esa morbosa exigencia que la entregaba a un vacío aterrador e insoportable.Se iba a cagar en La Gramática, en La Retórica y La Estética. Le importaban tres pitos si su ortografía no estaba en perfecta armonía con El Orto de algún lingüista francés amargado. Simplemente iba a escribir diarreas abominables, hipérbatos detestables, comparaciones endémicas.
No sabía por qué se había empeñado tanto en gustar, gustarse, gustar…le, al fin y al cabo mientras se miraba al espejo descubrió que detrás de esa imagen de puta liberada había una venganza , un corte de manga para el imbécil al cual ella, ciega de amor,antaño había escrito los más bellos poemas, había entregado su alma de fiesta,su vida, sus horas lacias.
Miró otra vez el espejo, deslizó una mano hacia su pubis y clavó su mirada en su dopelgänger, sos hermosa te cogería entera ahora…Realmente no servía para esto. Ser puta era un laburo respetable y enérgico no apto para mediocres; en fin, trataría con lo de escribir bien feo y mandarle sus poemas de protesta para destacarle que ella también podía ser bien bruta como una col, o como él que era lo mismo.